El décimo sello

decimosello
Úrsula entró a la casa, arrastrando la valija con dificultad. Cada vez que pisaba de nuevo el país, su equipaje venía más pesado, cargado de recuerdos. Pequeñas licencias de pasajera frecuente.

Se consideraba una experta en tomar todo lo que no estuviera atornillado, pegado o empotrado en las paredes de un hotel. A veces, ni esas circunstancias la detenían.

En esta oportunidad, el Hotel El Décimo Sello había sido un desafío distinto. El lugar no tenía de hotel más que el nombre, porque se veía —y se sentía— como una posada familiar. Había estado bien para sus negocios en Shanghái. Aunque los chinos que la atendían no eran muy amables, la decoración no sobresalía por su buen gusto y la comida era muy picante, el precio era accesible.

Como agregado a las rarezas del lugar, la anciana en la recepción había sido muy insistente al advertirle de no llevarse nada de la habitación. Ella había asentido, con la mejor sonrisa de turista. Una vez a solas, las figuras de animales mitológicos orientales la habían mirado fijo, con la desaprobación grabada en sus rostros de piedra, mientras ella evaluaba cada detalle que pudiera robarse.

Había desistido con las batas de tela estampada y las cortinas. Sin embargo, la habían obligado a devolver dos de los dragoncitos al hacer el check-out. Cómo lo habrían sabido, no tenía idea. Pero el escándalo que había armado al verse descubierta había sido digno de recordar.

Ahora, sonreía satisfecha con el pequeño jabón azul que sostenía en sus manos. El sello en el logo del hotel era el mejor adorno. Y el aroma de cada baño había sido único. Debía tenerlo en casa también, al menos una última vez.

Dejó sus cosas del trabajo, abrió las ventanas para que entrara el aire de la primavera occidental y fue a encender la ducha. El vapor empañó el espejo y Úrsula no fue capaz de ver la luz que emanaba el objeto robado, abandonado sobre la pileta de manos mientras ella se desvestía.

Puso algo de música en la sala, antes de volver al espacio que ya parecía un sauna. Se quitó la vincha del pelo y se lo sacudió. Tomó el jabón, rasgó el papel y, al liberarlo, lo llevó a su nariz. El sello azul cayó junto al inodoro, mientras ella avanzaba hacia la mampara de vidrio. El aroma de aquellos productos caseros era concentrado, exquisito, distinto a cualquier cosa que ella hubiese conocido en su vida de ladrona de cosas insignificantes.

Abrió la puerta de vidrio, con un suspiro, encantada con la fidelidad del perfume.
Puso un pie en el suelo húmedo. Puso el otro y la mano con el jabón entró en contacto con la lluvia.
Entonces el suelo se abrió, dejó de ser sólido. Ya no fue cerámico, ni conocido en sus terminales nerviosas. Se había convertido en el agua de un mar tormentoso. Úrsula alcanzó a gritar un instante antes de hundirse en la masa azul, en medio del océano Pacífico.

Ella se removió, braceó, con el horizonte infinito moviéndose frente a sus ojos. El Décimo sello se dibujó en líneas transparentes sobre el agua helada y brilló, como una última advertencia. Sin embargo, la mujer se negó a soltar su botín.
El frío y la agitación del agua eran espantosos. Así y todo, el perfume exquisito del jabón robado seguía impresionándola.

El décimo sello de la etiqueta abandonada en el suelo de su casa, allá lejos, empezó a teñirse de rojo. La rodeó con sus caracteres chinos y giró en círculos, hasta apretarse en torno a su garganta.
Úrsula sintió que todo aquello era muy real, aunque solo hubiese resbalado en la ducha y estuviese delirando. Se hundió despacio, entre las pequeñas olas del mar, hasta desaparecer como una mancha en las profundidades. El jabón estuvo en su mano hasta el último instante.

***
Esto se me ocurrió cuando abrí un jabón y el perfume me llevó derechito a unas vacaciones en el campo, cuando era chica. El nombre del jabón era "Marino". Lo demás se escribió solo.

Y con esto, terminan los diez relatos programados en mi reto con el número diez y un hecho paranormal. Estoy feliz de poder cumplir con el desafío, aunque haya tardado más de dos años entre la idea y este final. No voy a volver a plantearme nada así de rígido otra vez, wiii...

Comentarios

  1. Una mujer duchandose, con un objeto robado, aunque parezca algo trivial como un jabón. Una receta para el terror, para que de ella no quede ni un recuerdo.
    Interesante como surgió la idea.
    Bien escrito el relato.
    Un abrazo

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    1. Me alegro que te gustara la lectura. Gracias por pasar y comentar :D
      Un abrazo.

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  2. ¡Hola! Y pensar que todo empezó con un jabón ¡Qué genial! Imaginaba que los chinos iban a tener algo sobre el objeto, no imaginaba una cosa así. Imagínate si hubiese logrado llevarse las estatuillas.

    ¡Un abrazo! Y felicidades por terminar el reto <3

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    1. Los dragones se la hubieran comido xD
      Gracias por pasar y comentar ♥

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  3. Muuuy bueno Cyn.
    Manejaste perfecto el suspenso, lo leí a una velocidad tremenda, necesitaba saber cómo terminaba. Y algo que parecía una situación tan mundana como el choreo de objetos de hotel terminó en un tremendo viaje paranormal.
    Felicitaciones
    Abrazo!

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  4. Fantástico, Cyn. Un relato preciso, visual, perturbador como debe ser una historia de terror paranormal. Sin explicación pero con esa moraleja de que transgredir las normas trae consecuencias, pero en ocasiones es algo superior a nuestras fuerzas. Las imágenes son muy potentes, ese hundirse en el mar... Dicen que el olfato es el sentido que está más relacionado con la memoria. Celebro que ese jabón te evocara esas vacaciones y, por extensión, este relato. Un abrazo!!

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  5. Tensión hasta el final,... a pesar que todo recae en torno a objeto cotidiano, casi sin valor, has sabido articular toda una historia en torno a un pequeño hurto. Estupendo relato Cyn!

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  6. ¡Hola guapa!
    Me ha encantado, ojalá escribas algo más sobre ella. ¡Me ha fascinado!
    Un besote

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  7. que bonito e imaginativo!!!!! te compartimos , y todo surgio por un jabon, madre mia!

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