Dos: If I Fell


Cuando fui hasta la salida del galpón para volver a nuestra camioneta y conducir a casa, mi cinturón emitió una alarma corta y aguda. Algo estaba mal afuera.

Mi traje tiene todo tipo de sensores para evitar los peligros potenciales para una humana. La lucha contra los locos que asaltan esta ciudad a cada rato no es algo simple. En mi entrenamiento para comenzar a trabajar con Sun, aprendí a usar armas y protección tecnológica que ni sabía que existían. En este caso, mi cinturón avisa con distintos tonos para sustancias tóxicas en el aire, emisiones radiactivas o de radiofrecuencia demasiado altas. Nunca pensé que me serviría esta última. Pareciera que no es la primera vez que alguien usa la hipnosis sonora en Leseli.

A veces me pregunto quién pagará todas estas cosas. Quién las construirá.

Sun tomó el riesgo en asomarse, con un pequeño aparatito que midió la señal y seguro arrojó resultados confusos, porque lo vi volver con ese gesto que pone cuando está intentando inventar una solución de la nada.

—Creo que lo que he roto no es más que un transmisor —anunció, demasiado serio—. Hay que encontrar la fuente. Y lo que sea que produzca ese sonido.

—Debe tener relación con el robo al museo —supuse, recordando cómo había empezado todo.

Mi compañero me extendió unos protectores auditivos y salimos. Ir por ahí sin oír nada me recordó a mis épocas de ir por la calle con los auriculares del celular puestos. Solo que sin música es más extraño. Los protectores de Sun no dejaban entrar nada en mis oídos.

Entonces lo vimos. El caos absoluto y asqueroso.

—¡Sun, mira esto!

Todos en esa calle habían dejado lo que estaban haciendo para abrazarse y besarse con el que estaba al lado. Un motociclista obeso se abrazaba al verdulero, una chica con el uniforme del supermercado de enfrente murmuraba al oído de un anciano en silla de ruedas, toda la calle había quedado atascada de vehículos detenidos. Un taxista y un chofer de colectivo que se bloqueaban mutuamente, se decían piropos de ventanilla a ventanilla, a los gritos. O eso supuse, porque el chofer se bajó, lo sacó del auto y le dio tremendo beso después.

Traté de no reírme, pero fracasé. Imaginé que cuando esa gente despertara iba a ser un desastre. Sun me arrastró con él hasta la nave que usamos en casos de emergencia (el combustible de avión es muy caro) y entonces me hizo una seña de que podía sacarme los auriculares.

—Está controlando a todos con la transmisión —dijo, entre dientes, con los puños apretados sobre los controles de la nave—. Tenemos que encontrar a Pluma Rosa o como sea que se llame ahora. Ven aquí.

Me tomó de la mano otra vez y sentí un vértigo muy parecido al de la nube y los gatitos. Me solté, a lo brusco. El primer ataque de Pluma debía haberme dejado sensible.

—Eh… Sun, yo…

Quise disculparme y él se acercó a mí, mientras un policía nos tiraba besos desde afuera, en la calle. El corazón me hacía una presentación de taekwondo en el pecho.

—No olvides tener puestos todo el tiempo los protectores afuera —ordenó, nervioso, con las manos en mis hombros—. Aquí adentro estarás a salvo sin usarlos, al menos por ahora. ¡Vamos!

Volvió a los controles e hizo despegar la nave. Yo colgué los auriculares especiales en mi cuello para tenerlos a mano y olvidar las cosquillas que me había dejado el roce con él.

+++

Encendí la pequeña televisión de la nave, para evitar el silencio incómodo en el que habíamos entrado durante el viaje por la ciudad. El paisaje era tremendo. Toda Leseli estaba bajo los efectos del nuevo invento de Pluma Rosa. El amor estaba en el aire y era pegajoso.

—Es la alcaldesa de Leseli —lamenté, al ver el intento de anuncio oficial en la pantalla, convertido en algo solo apto para mayores—. ¡Esto es tan vergonzoso!

—Admitamos que la televisión no ha cambiado mucho —ironizó él, sin quitar la vista del frente—. Ya vendía sexo por todas partes.

—Sí, pero al menos los conductores del noticiero estaban vestidos. Y hacían su trabajo en lugar de…

—Debemos interrumpir las transmisiones en general, pero si pudiéramos encontrar la de Pluma Rosa primero sería aún mejor.

No podía creer que nos afectara tanto esa melodía extraña que Pluma había conseguido meter en todas partes. Y estaba molesta con Sun. No sabía la razón, pero empezaba a enojarme que fuese tan inmune.

—Esto es un desastre —señalé, apagando la pantalla y encendiendo la radio para buscar una emisora que no hubiera caído por inconvenientes técnicos—. Pobre gente, están actuando en contra de su voluntad.

—Sí, pero ya oíste lo que ella dijo antes de empezar —recordó él—. Que desataría nuestros instintos básicos.

—Eso no es justificación. Matar por un pedazo de comida también podría ser un instinto en los animales.

—Gracias. Si ya estaba bajo presión, ahora me has puesto más nervioso. Debemos detener esto ya.

Por fin lo veía irritarse un poco. Sun nunca perdía la calma, él siempre era el vencedor de la sonrisa que iluminaba toda la calle aún en la medianoche. Yo lo tenía en ese papel, lo ponía en esa imagen en mi cabeza. Necesitaba algo más cercano. Quería que se rompiera un poco, que dejara una grieta alguna vez.

—¿Detenerlo? ¿No era lo que estábamos haciendo? —reaccioné, dejando el dial de la emisora en una que pasaba canciones de los años setenta.

—Vamos hasta el museo, debemos hablar con alguien que sepa mejor con lo que estamos lidiando. Si es que todavía sigue ahí y no ha salido a buscar pareja.

Me acomodé en mi asiento y preferí volver a callarme. La voz de Barry White nos decía que no podía tener suficiente de nosotros.

—Sun, dime una cosa. —Tenía que animarme a preguntárselo—. Cuando estuve bajo el control de Pluma yo… yo no…

—¿Estás segura de querer saberlo? —interrumpió, con cara de estar pasando muy despacio junto a un perro dormido.

Entendí que el perro, en este caso, era yo.

—Mejor lo dejamos así —murmuré.

Me dije que comer y dormir estaban en nuestra programación también. Yo amo dormir. Podría haberme echado una buena siesta o ido en busca de una hamburguesa doble, ¿por qué tenía que ponerme en vergüenza con él?

En ese momento, cuando Donna Summer nos repetía sin cansarse que sentía amor, la música se detuvo y empezó a sonar otra melodía conocida. El sonido se expandía en el aire con pereza y trepaba por mis brazos hasta mi cuello, acariciaba mi pelo, se metía en mis oídos. A lo lejos, pude escuchar una voz femenina. Sabía quién era. Estaba segura de que lo sabía.

—Atentos leselianos —canturreó la voz—. Aquí les habla su escritora del momento, su hada de la libertad y la felicidad, Pluma Turquesa.

—¿En qué momento volvió a cambiarse el nombre? —balbuceé, como ausente.

Tenía que resistirlo. Yo también podía, si Sun podía.

—…y como la vida es corta, en especial cuando uno es un personaje literario —continuó Pluma—, les recomiendo que se dejen llevar.

—Vas a tener que ponerte los auriculares o vas a perder el control —advirtió mi compañero, mi héroe favorito, mi sol en el cielo.

—No. Quiero oírla —contesté.

Supe que me había deslizado por el asiento hasta llegar a Sun, porque empezó a removerse y me pareció divertido en ese momento no dejar que se librara de mí. Me reí a lo tonto, frotándome entera contra su espalda e ignorando sus quejas.

—¡Vivan, mis leselianos! —exclamó la radio, animándome a seguir—. ¡Permítanse amar, odiar, den todo hasta que ya no tengan nada que perder!

—¡Por favor, suéltame! —gritó mi sol—. ¡Vamos a chocar!

—Mira, puedo seguir despierta —balbuceé, como borracha, contra su cuello—. Sigo consciente, no veo nubes de colores, ni gatitos bailando.

De pronto, las cosas recuperaron sus contornos y mis oídos quedaron limpios de susurros ondulantes. Retrocedí, me levanté del asiento y noté que Sun había arrancado el estéreo para estrellarlo en el suelo. Silencio total. Lo vi agitarse, de reojo. La vergüenza no me permitió acercarme otra vez.

—Dios, lo siento —dije, sentándome en la fila de atrás—. No sé qué fue eso.

—Yo sí. No volveremos a escuchar la radio aquí adentro. Olvidemos el asunto.

No podía creer lo que había hecho. Y cómo era que él se había mantenido tan tranquilo. Sabía que no era humano, pero que fuese yo la única en perder el control era insultante. No tardamos en llegar al Museo Leseli, primer escenario del crimen de Pluma Violeta.

—Voy a comprobar que no haya peligro afuera y tú estaciona en la parte de atrás —sugirió, sin mirarme—. Te voy a buscar…

—No hace falta —aseguré, un poco brusca—. Espérame adentro, puedo sola.

—Ok. Claire, ¿te sientes bien?

—¡Sí! Vete.

Lo vi sortear los trozos de estéreo en el piso para llegar hasta mí, con esa sonrisa tonta que pone cuando intenta parecer más accesible. Tenía ganas de pellizcarle las mejillas.

—No pienses demasiado en esto —dijo, poniéndome los auriculares antes de irse hasta la puerta—. Hasta luego.

Evité ver cuando se daba la vuelta para abrir. Mi profesionalismo se había ido por la ventana.

+ + +
Perdón por la demora. Voy a tratar de traer el próximo capítulo antes del fin de semana. 

Comentarios

  1. Por Dios, que no sé si es imprudencia o indecensia lo que rige a pluma arcoiris o.o
    Me encanta cuando haces alusión a alguien escribiendo la historia, me trae buenos recuerdos n.n
    Ya quiero ver a Claire destazando a Sun por ese supuesto odio que carga.
    Buen capítulo, imaginarme los besos de todos con todos fue ilarante xD Besos!!!

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    1. Justo antes de publicar hice edición y cambie el nuevo nombre de Pluma Arcoiris por Pluma Turquesa, cuando vi tu comentario pensé que me había olvidado de borrarlo. Incluso tenía un chiste sobre la aparición del LGBT en literatura hoy en día pero ya se hacía muy largo el capítulo xD Gracias por pasar y comentar :D

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    2. Jajaja, te dije, puedo leer tu inconsciente @.@ mirame a los ojos xD
      Le hubiera quedado perfecto, por lo del verdulero y el... el... ¿qué era el otro? leí dormida o.o Además contigo siempre es mejor más n.n

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  2. Lo de la alcaldesa puede ser muy interesante, hay políticas jovenes.
    Y creo que le prestaría atención a algún noticiero, hay conductoras muy atractivas. ¿Cómo serían bajo el control de Pluma (insertar el color del momento)?
    Bien contado.
    Me gusta como escribís sobre superhéroes, con ese estilo absurdo, paródico.

    Bien contado

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  3. Es muy entretenido! Esperaré más partes 😁

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  4. La fiesta de besos me hizo acordar a una escena de El perfume (no sé si lo leíste), que no voy a describir para evitar los spoilers ;)

    Y por cierto, a mí también me está fastidiando un poco que a Sun no le afecte nada, ¿es hombre o estatua? XD

    Y que la Pluma deje de cambiarse el nombre, que a esta altura nadie va a acordarse de quién es jajajajajaja

    Me gusta cómo está quedando, es muy ágil y entretenido :D

    ¡Besos!

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  5. Me han encantado, Cyn.
    Interesantes diálogos, me gusta el humor, la buena trama y ambientación de tus superhéroes en el relato.
    !Un saludo!

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  6. ¡Hola! Me encanta la historia, es hilarante por todo donde la mires y esa villana que controla a todos por el sonido, me recordó a un capítulo de Danny Phantom XD Sun es increíble.

    ¡Un abrazo!

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