Cuatro: Bae Bae

Caí hacia atrás, impulsada por el retroceso del arma mal disparada. No vi mi vida en un instante, solo sentí una terrible vergüenza por malgastar esa oportunidad. O no. Creo que pensé en eso cuando toqué el suelo. En esa fracción de segundo, lo único que hice fue mirar el extremo del cañón y rogar que no llegara a darme en la frente mi propio disparo.

El rayo fue cubriendo de blanco todo el paisaje —tierra, arbustos, piedras— hasta dejar una columna transparente, que intentaba alcanzar las nubes pero quedaba truncada a pocos metros del suelo. Solté el arma y me tragué el llanto. Estaba aterrada. Pluma había quedado de pie, a dos pasos de alcanzarme. Me miraba todavía, con esa locura asesina en sus ojos. Podía verla extender su mano hacia mí, con algún aparato que nunca sabría lo que era. No mientras no la sacara del bloque de hielo en el que había quedado atrapada.

En mis auriculares, había comenzado otra canción. Un grupo de idols coreanos me pedía que no cambiara nunca, que me quedara así como estaba. Yo no podía hacer eso.

Me levanté, resbalé y caí un par de veces sobre el espejo helado del lugar. Me deslicé por la pendiente, insultando como camionero, eligiendo la ira para no perder las últimas fuerzas. En eso, pude ver la fuente de tanto escándalo. El famoso tambor del alma era un instrumento como cualquier otro, forrado en cuero y de color marrón oscuro. El aporte de Pluma había sido su puesta en funcionamiento automática, gracias a un robotito que lo golpeaba sin parar con sus puños.

—¡Deja eso! —ordené a gritos, levantando de nuevo el arma que tan mal había usado.

El muñeco metálico me miró y se sacudió un poco. Imaginé que eso sería el equivalente a una risa, porque tampoco podía darme el lujo de escucharlo mientras siguiera la percusión. Le apunté a un brazo y se lo congelé, como advertencia. El bicho de lata continuó con uno solo, mientras dejaba caer el otro y un tercero surgía de su pecho, con el dedo medio levantado.

Ahí perdí la paciencia. Bigbang taladraba mi cabeza, repitiendo que nuestra química era pegajosa como tortillas de arroz. Barrí con todo a culatazos. Robotito y tambor, instrumento del mal y hallazgo histórico, no quedó nada.

Me quité los auriculares. Quería disfrutar del silencio, por fin. Derrumbarme y llorar por mí, por mi compañero, por Leseli. Me senté en una piedra helada, sin saber qué dolía más. Entonces, sobre mi horizonte, Sun resurgió arrastrándose con esfuerzo. Se había quitado el molusco de la cara y llevaba los auriculares todavía. Corrí a ayudarlo, llena de esa frustración feliz que tantas veces me había provocado. No sabía en qué orden insultarlo, decirle lo aliviada que me sentía, lo mucho que lo quería.

Como siempre, él abrió la boca primero y pasó de largo, sin detenerse a mirarme.

—Muy bien, Clara. Esto es mérito tuyo —declaró, sin recuperar del todo el aliento.

Me di vuelta para ver a qué se refería. La colina cubierta de blanco, la villana convertida en estatua de hielo y el tambor del alma, hecho pedazos en medio de los restos cibernéticos, me hicieron entenderlo.

Y esa es toda la historia, señor abogado.

+++

El anciano de traje cerró su cuaderno y tomó un poco de agua, bajo la mirada ansiosa de Clara Uevo. De fondo, el televisor de la comisaría mostraba el nuevo anuncio de la alcaldesa de Leseli, tomada de la mano con su joven asistente. Los policías sonreían y hacían bromas entre ellos, pero evitaban mirarse de frente.

—No se preocupe, señorita —dijo el letrado, con una sonrisa—. Vamos a conseguir que esto se solucione con el pago de una multa. La pérdida del tambor del alma puede ser lamentable, pero también es una forma de impedir que sea usado de nuevo.

—Le agradezco mucho —murmuró ella, desanimada.

—Yo le agradezco a usted, a pesar de todo.

Su defensor se marchó y ella volvió a su celda, pensativa. La perspectiva de tener un expediente como el de Sun, que resolvía la mitad de las cosas y arruinaba el resto, no la animaba mucho. Igual, el respeto con el que la miraban algunos y el resentimiento de otros le dio la pista de que ya se había hecho un nombre como heroína. O aspirante a serlo. No sabía si la actuación seguía siendo su primer objetivo, como antes. Le había gustado ser la salvadora de la ciudad, por una vez.

La próxima, lo haría mejor. Se convenció de eso, mientras el sonido de unos pasos por el pasillo exterior iba volviéndose más intenso.

—Uevo, pagaron la fianza —anunció un uniformado, del otro lado de las rejas.

+++

Era una tarde lluviosa en Leseli, pero a Clara la esperaba el sol junto a su auto. Había estado dos días encerrada, luego de entregarse por el incidente en Colina Leseli.

—Bienvenida de vuelta a las calles —exclamó Sun, risueño, cuando logró cubrirla con su paraguas—. ¿Cómo se siente la libertad previa al juicio?

Ella abrió la puerta y se sentó en la fila de atrás del coche, sin detenerse a mirarlo. Quería abofetearlo por tardar tanto, darle las gracias, besarlo de nuevo, preguntarle cómo estaban las cosas, renunciar a eso de luchar por la justicia o quitarle el puesto y ser ella la única que protegía la ciudad. De nuevo, no sabía en qué orden poner todo eso en su cabeza.

Él pareció resignarse, cerró el paraguas y ocupó el lugar del conductor, sin decir nada más. Fueron en silencio todo el camino. Ella se sorprendió al notar, en las pantallas de una vidriera, a los conductores de un noticiero mirándose con ojos de cachorrito al aire.

Era una suerte que la naturaleza humana estuviese más inclinada al bien en esa ciudad. A lo mejor, lo único que todos querían en el fondo era un poco de amor. O eso es lo que ocurriría en una historia escrita por una autora como Pluma.

—Lo que hice cuando te ibas, antes… —comenzó a decir Clara, apenas llegaron al edificio donde ambos alquilaban distintos apartamentos.

—Ah, no te preocupes —contestó Sun, con suavidad, a través del retrovisor.

—No iba a pedirte disculpas —mintió ella, con un asalto de rebeldía que la obligó a bajar del auto a toda prisa.

—¡Clara!

El héroe hizo uso de su velocidad y la detuvo del brazo, antes de que pudiera alcanzar la puerta de ingreso.

—Voy a buscarme otro alias apenas termine el juicio, por ahora sigue llamándome Claire —exigió la joven.

—Quería invitarte a cenar —explicó Sun, soltándola—. Una noche de éstas.

Ella seguía confusa, la cantidad de reacciones diferentes que podía tener a ese pedido la habían dejado en silencio.

—No te hagas ilusiones conmigo —dijo, al final—. Voy a ser una actriz famosa. No tengo tiempo para relaciones.

—Yo tampoco —admitió él—. Soy un héroe y tengo que estar disponible a todas horas.

—Bien.

El tema había quedado cerrado, en una forma incómoda y que no tenía nada que ver con lo que ella hubiera imaginado. Pero pasó un rato y ninguno de los dos se movió de su lugar. Un par de vecinos los rodearon para ingresar al edificio, llevaban bolsas del supermercado.

—Cena conmigo —insistió Sun, cuando estuvieron solos otra vez—. Esta noche.

—No quiero —respondió Claire.

—Entiendo —murmuró él y se movió para pasar a su lado, hacia la puerta.

Entonces fue ella quien lo detuvo, tirando de una de sus mangas.

—Sube a mi departamento conmigo —dijo, interceptándolo—. Ahora.

Él no lo pensó ni un segundo.

—Está bien.

No había forma de saber si aquello sería una tormenta de verano o un cambio permanente del clima en Leseli. Pero el amor seguía en el aire, llenando cada rincón de la ciudad y ellos podían aprovecharlo. A lo mejor, era una buena idea intentarlo.

Mientras tanto, en Ciudad Blanca, el teléfono de otro héroe no recibió ninguna llamada por ayuda para Sun. Al menos, no esta vez.


+++ FIN +++

Esta historia se ubica antes de los relatos de Sun y Claire que suelo publicar en el blog. La mayoría los tienen a ambos en medio de esa relación indefinida que han empezado y quería ponerle un origen a ese tira y afloja que se puede ver en Racha.

De acá en adelante, las cosas irán evolucionando entre ellos. O no. Ni yo sé dónde van a terminar. Y el "recurso" de Ciudad Blanca va a aparecer en otro relato futuro.

Gracias a Denise y a todos los que pasaron por acá leyendo y comentando.

Comentarios

  1. Bien, para mi gusto se quedaron cortos. Los felices para siempre con un hijo de un solo padre son lo mejor xD
    Nah, me ha encantado. Clara es clara, Sun es Sun, es lo que son y son lo que hacen ¿entendiste?, tampoco yo xD
    Felicidades por conpletar esta ronda, Besos de tu fan número uno, yo.

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    1. Awww... ¡Gracias de verdad! Me costó mucho sentarme y teclear hasta el final, esta semana me la he pasado de un lado para el otro. Estoy sintiendo el peso de la primera mitad del año y mi cerebro ya no tira buenas ideas, espero que no haya afectado demasiado la historia. Besos y ya mismo corro a ponerme al día con todas las lecturas que estoy debiendo ♥

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  2. Sabía que eso de que no tienen tiempo para otra cosa, iba a quedar en la nada. Y está bien. No es la primera pareja de superheroes, que es pareja sentimental. Como Green Arrow y Black Canary. En algún momento, Superman y Wonder Woman.

    Creo que la villana extravagante no sabía que era una mala idea ir contra Claire.
    Buen recurso el del arma congelante.

    Me gustó la historia.

    Un abrazo

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    1. Gracias por darme ánimos en cada capítulo. ¡Saludos!

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  3. Excelente final. Parece que la Pluma loca le hizo un favor a parte de la ciudad, a pesar de que el método no fue el más indicado jajaja

    Pobre Claire, la verdad es que la entiendo, en situaciones así de extremas una no sabe cómo reaccionar XD Menos mal que acertó con el tiro, que si no... :P

    Me gustó mucho, como ya te dije, re da para cómic. Hasta medio me lo imaginaba con viñetas y todo.

    Este viernes subo la reseña. ¡Besos!

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    1. Gracias por buscarle el lado bueno :D Lo del hielo me vino justo para el enfrentamiento final, si no, no tenía dónde meterlo xD
      Un abrazo y nos seguimos leyendo ♥

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  4. Que bien lograda y dinámica ambientación has conseguido crear imágenes claras y potentes de tus protagonistas. Muy acertado mantener en suspenso el 'si y no' entre Sun y Claire. Fue un final sublime.
    !Abrazo!

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    1. ¡Gracias por leer y comentar hasta el final!
      Un abrazo ♥

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  5. ¡Hola! ¡Qué buenos personajes! Me encantó que Claire salvara el día de esa manera. Me da algo pensando que SUn no iba a salir bien parado, pero tan pancho que aparece, comprendo a Claire para actuar así.

    Me gusta que digan que ninguno tiene tiempo para al final, acaban pasando el tiempo juntos, son geniales estos dos <3

    Me encantó la historia. Ya va a sonar el telefono de la ciudad.

    ¡Un abrazo!

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