Creeping in your heart (52 Retos: reto 2)

reto dos
Kai sonríe, por primera vez en su viaje desde ningún lugar hacia cualquier parte. Acaba de ver un bar pequeño al costado de la ruta, en plena zona desértica. El frío, las ganas de ir al baño y la promesa de una cerveza, titilando en rojo sobre la oscuridad, lo hacen detener su motocicleta.

Casi se olvida de ir al sanitario al echar un vistazo al lugar. Algunas lámparas combaten la penumbra, con malos resultados. Las paredes gritan por una nueva mano de pintura. Los muebles apenas se sostienen. Y una camarera con el pelo teñido de violeta es la única que atiende a los pocos clientes que ocupan las mesas. Kai se encoge de hombros y pide con señas una bebida, antes de pasar a los baños.

Una vez aliviado, él prefiere sentarse junto a la barra. Finge seriedad, sobre su jarra ya servida, mientras presta atención al movimiento que las curvas sinuosas de la muchacha dibujan con el ir y venir de su brazo, al sacar brillo a los vasos.

«Puedes llamarme monstruo» suena desde la televisión, donde un grupo musical oriental combina movimientos sensuales con poses amenazantes en escenas de acción. Nadie pone en duda la elección del canal. Ni siquiera parecen estar conscientes del entorno, enfrascados en sus jarras de líquido dorado y espumoso. Al recién llegado se le hace agua la boca con la exhibición del escote de la camarera, que acaba de agacharse a levantar algo. Entonces, ella lo pilla mirándola. Un parpadeo, un instante de sorpresa y una leve sonrisa burlona se extiende por sus labios rosados. Algo en su forma de caminar cambia cuando le da la espalda: se vuelve más suave, más redondeada, más interesante. Y a Kai le parece que otras promesas lo harán quedarse un poco en aquel lugar.

Alguien más ingresa al bar y se sienta junto a él.

—Oh, ¿eres nueva aquí? —dice el hombre, con una mirada penetrante sobre el uniforme desgastado de la chica.
—Podría decirse —responde ella, con indiferencia.

El cliente asiente y le mira el escote en silencio, como si nunca hubiera empezado ningún diálogo. La música de fondo se interrumpe, para dar el anuncio de último momento. «Se busca al disecador. El extraño asesino que deja a sus víctimas sin una gota de fluidos corporales. Los cadáveres han sido encontrados con la única marca de succión en el cuello, lo que ha dejado a los forenses llenos de hipótesis encontradas».

Kai se remueve en su banqueta, intranquilo. El hombre a su lado carraspea. La muchacha sale de detrás de la barra, para limpiar una mesa que acaba de ser abandonada.

«En la calle ya se habla de vampiros. Los detectives sobre el caso, de un elaborado sistema de extracción. Pero si nos preguntamos…»

La incomodidad en los presentes es palpable. Solo cuando vuelve la programación regular todos respiran tranquilos otra vez. Kai agradece escuchar «me arrastro hacia tu corazón, nena» de nuevo.

Así, pasan un par de horas. Las jarras vacías de cerveza han sido apiladas junto a la barra, para ser lavadas. Las sillas, sobre las mesas, para dejar espacio a la escoba que la joven pasa sobre el suelo con suavidad. El ambiente va volviéndose más frío y Kai sale a encenderse un cigarrillo, luego de dejar un billete sobre la barra. Su dedo falla al accionar el mechero y cuando está por hacer el segundo intento, sosteniendo el cigarro entre sus labios y protegiendo la punta del viento del exterior, otro dedo se pasea por su espalda, desde el interior del local. El sobresalto logra que un vicio quede olvidado, en el suelo, por otro más urgente.

—Te he visto desnudándome con esos ojos —murmura ella, desde su hombro.
—No creo haber sido el único —se defiende él, mientras observa su motocicleta y calcula cuánto podría llevarle esta nueva promesa antes de seguir, lo más lejos de la policía que pueda.
—Es verdad. Yo también debo haber estado mirándote —bromea ella, y el uniforme cae a sus tobillos en un solo movimiento.

Al diablo los cálculos. Kai aferra a la muchacha por la cintura, la besa y la mordisquea hasta hacerla gritar. Para cuando la sube a la barra, él ya ha perdido la ropa en el camino. Juegan por un rato, se tocan, ríen y luego se ponen más serios. Más. Y más. Hasta caer rendidos.

El sol está por salir, el viento helado sopla con fuerza afuera y Kai está agotado, aunque decide que es mejor marcharse. Ella ha quedado dormida, sus piernas entrelazadas con las suyas, sus brazos alrededor de su cintura, su cabeza contra su cuello. Está por despertarla, cuando se da cuenta de que algo no anda bien. No puede moverse. Y ella no está dormida, está adherida a él.

No es cansancio lo que siente, es la vida que se le escapa por el agujero que ya sabe que tiene debajo de la oreja. Una corriente helada se extiende por sus venas, sus arterias, va hasta su cerebro, sus pulmones y congela su corazón. Lo está drenando. Y no hay brazos que levantar, no hay piernas que lo lleven lejos de allí. No importará su viaje hacia ninguna parte. Se olvidará cualquier robo estúpido del pasado, cuando la policía encuentre su cuerpo como una cáscara vacía sobre la barra de aquel bar.

+++

Pobre Kai. Pero es lo que pasa cuando me da la locura por un grupito de kpop y me piden escenas sexys en un reto de escritura. Disculpen, he crecido con las películas de terror en las que la parejita que hacía cochinadas siempre moría. Tenía que hacer un homenaje a eso.

La canción mencionada es Monster, de EXO. Este relato ha sido inspirado de forma muy literal en una traducción que encontré en youtube. Prometo traer otro relato con Kai y un mejor final para él. Esto es lo más parecido a un kpopfic que haré en mi vida.

Relato para el segundo de los 52 retos de El libro del escritor 2017.

Comentarios

  1. Oh, no ha estado mal, la verdad. No me esperaba el pobre final de Kai, pero ha estado curioso. Espero que cumplas tu palabra, porque me ha dado un poco de penita el pobre...
    ¡Un besín!

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  2. Vaya sugestiva que era la camarera. Y nada reprimida. le gusta ser desnudada con la mirada.
    El detalle es que era una vampiresa. Se explica la incomodidad de los presentes. Pero no es mal modo de morir.

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  3. Pobre... que penita, aún así me ha gustado mucho <3
    Un besote

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  4. Que emocionante lectura. Muy bien llevado el argumento con tu protagonista. Ya estaba destinado a parar en ese bar. Que escalofriante la escena donde Kai decide marcharse. El final me impacto, te quedó genial. Y bueno, espero leer ese otro relato, y que tengas benevolencia con el pobre chico.
    Bso

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  5. ¡Hola! ¡Que impactante final! La verdad, no lo esperaba en lo absoluto y me ha encantado. Aunque desconozco al cantante, así que ahora estaré buscándolo.

    ¡Un abrazo!

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  6. Muy bueno, Cyn! Me ha gustado cómo has jugado al despiste con la identidad del vampiro. Y nos resultó una vampiresa... Bueno, imagino que hay muertes mucho peores, je,je,je

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  7. Hola! Muy bueno, pobre Kai. Al menos ha muerto averiguando lo que pretendía.
    Un saludo! :))

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