Caramelo (12 retos - reto 1)

reto uno
No sirve de nada soñar así. Verlo llegar, de la mano de cualquiera, mientras yo me quedo del otro
lado de la mesa. Verlo reír, hablar con orgullo de aquellas mujeres con las que nunca está del todo satisfecho al final. Escucharlo quejarse, después. Consolarlo, de vez en cuando, para luego verlo renacer de las cenizas en esa eterna búsqueda de aquello que alguna vez tuvimos y fue perfecto.

Porque se supone que yo ya encontré lo que quería. Ya tengo lo que necesitaba. Y, aun así, algo en mi pecho se siente extraño con cada nueva incorporación al grupo. Cada nueva conquista que trae para presentarnos, como si fuese su trofeo. De este lado de la mesa me abrazan, me besan, me dejan soñar con un futuro real y tranquilo. Pero yo no dejo de mirar al frente, de oír la cadena de anécdotas temerarias y de reír, frustrada, frente a cada imitación apagada de mi persona. Porque sé que en todas ellas me busca a mí. De la misma forma que, a este lado de la mesa, mi mano está aferrada a la de su perfecto opuesto. Es que busqué a su negativo. Aunque es la misma foto. La misma imagen. Como si nadie pudiese imaginar que todavía lo extraño.


Y ya lo dejé ir. Ya lo acepté como mi eterno amigo. Ya encontré en otra parte a mi media naranja, sin querer, en el camino de huida de la relación más tormentosa de mi vida. Como amigos, somos los mejores. Nunca más, dijimos. Nunca más.

Pero lo veo reír, nervioso, con un chiste de mi compañero de silla. Un temblor, mínimo, en esa sonrisa extraordinaria me da la pauta de que a él todavía le pasa lo mismo. Y se supone que ya es agua pasada. Nunca más, habíamos dicho.

Ahora me cuesta incluso estar a solas con él, tener un diálogo como los de antes, alentarlo en sus noches de juerga. Mirarlo a los ojos. Sé cómo es él, sé cómo soy yo y la forma en que las cosas empiezan entre nosotros. Estamos al límite. Lo que no sé es cómo vamos a hacer después. Porque también sabemos en qué termina, y es inútil. No es que un simple mordisco baste para llenarnos, vamos a querer la torta entera. Y habíamos dicho que nunca más. Justo antes de salir para la iglesia, conmigo de blanco, él de padrino de bodas. Yo tratando de quitarme su perfume, él volviéndose a poner la camisa manchada de mi rímel. Nunca más.

Volvimos a decirlo, varias veces durante estos años. Servir algo dulce, usar su sabor favorito en mis recetas, probar diferentes formas de cubrirlo todo de caramelo, incluyendo a veces mi cuerpo. Nunca más.

Así que, ha vuelto a empezar. Sé que no me lo perdonaré esta vez. Ni él, ni aquel que me abraza y me da todo lo que antes me faltaba. Y soñar que sería bonito de otra manera no hace las cosas más fáciles. Por eso, hoy será la última reunión. Serviré el postre, me tomaré con fuerza de aquella mano en negativo de todos mis sueños de juventud y le diré adiós.

O, tal vez, una última mordida. Una sola, y nunca más.

+++

Canción elegida: Caramel, de Suzanne Vega. Para saber más de la iniciativa, clic aquí

Comentarios

  1. ¡Oh, qué me ha gustado mucho! La tentación que no se deja nunca (?) Aunque tiene esa sensación de tristeza encima que me gusta mucho.

    ¿Sólo vas a hacer doce retos de todos? Ahí sí me quedé un poco perdida xD

    ¡Cuidate!

    Bye!

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    1. ¡Hola! Sí, en teoría la página dice que no es obligatorio hacer los 52, se pueden elegir doce, uno para cada mes del año. Con lo colgada que soy y con los demás retos en los que me metí, pensé que sería la mejor opción.
      ¡Gracias por leer y comentar! Un beso.

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  2. Precioso relato...¿quién puede resistirse a una última mordida tan deliciosamente escrita? Un saludo!

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