Sideris - Final

«No apartes los ojos del brillo de esta estrella, si no quieres ser enterrada por la tormenta». 

Eso fue lo que murmuró la vocecita chillona de aquella cabeza, en el desierto de Kydara. Yo pensé que se refería al caos de arena y magia que encontraría al salir de allí, pero pasaron los meses y entendí que había algo más. Dejé de preguntarme por la supuesta profecía sobre Ren, creo que nunca fui en serio con eso de castigarlo por abandonarme. Todavía tenía el brillo de aquella estrella en mi mente.

«…el brillo de esta estrella...»

Suryanis. El lugar donde debía ir cuando terminara mi aprendizaje independiente. El punto de encuentro con mi siguiente maestro: Deval Khan. No sé cómo terminé desviándome de aquel objetivo. Habrá sido la guerra, habrá sido la nostalgia de ver aquel pueblito de mineros al que no llegaban ni las noticias de la revolución, o la imagen de aquel chico fuera de lugar que cargaba sus libros e ignoraba las burlas de otros de su edad.

«No apartes los ojos…»

Hay cosas que son tan enormes que no las notamos. Lo abarcan todo, nos engullen y ni nos damos cuenta de que avanzamos, dando tumbos, buscándolas. Nos encuentran, sí, pero solo cuando dejamos de esperarlas y nos arriesgamos a traspasar nuestros límites.

«…no quieres ser enterrada por la tormenta».

Yo estaba muy cómoda en mi papel de alumna sacrificada con un mal maestro, de tonta enamorada de un muro de ladrillos. Era muy fácil quejarme, llorar por mi suerte y esperar por días mejores. Al irme rompí mi propio molde, me perdí por un rato y me encontré cometiendo los mismos errores que habían cometido otros conmigo. Aquella noche de finales de octubre toqué fondo con el pobre Ren. Si él no hubiese huido de mí, yo jamás hubiera notado lo ciega que me había vuelto.
Ren fue el héroe de mi propia profecía. Aprendimos juntos lo que era ser maestra y alumno, comenzamos de nuevo después del encuentro con aquellos ladrones. Por supuesto, nunca hablamos de nuevo de todo lo ocurrido, solo cambiamos el rumbo y lo fuimos arreglando con los meses.
Ha pasado un año desde aquel desastre. He cumplido mi promesa. Es noche de Samhain, el límite entre los mundos es más ligero y mi alumno está por llamar a su elemental de compañía en el mejor lugar que pude conseguir. Las montañas de Sideris, al sur del continente, son las más altas y están llenas de criaturas sobrenaturales de toda clase.
Si con el duro entrenamiento, las pilas de libros y los montones de piedras energéticas no logramos atraer a esa bendita salamandra de una buena vez, habré fracasado. Lo sé. El mocoso está nervioso, yo también. Y eso que nos hemos esforzado bastante esta vez. He hecho cosas que a mi «yo» de hace unos años la hubieran espantado y las he hecho mejor de lo que esperaba. Creo que pude impresionar al mocoso, además. Para mi propia sorpresa, he resultado ser una mentora pasable. O eso creo, porque Ren ni siquiera ha protestado cuando lo he hecho sentarse en aquella roca incómoda por horas, rodeado de un círculo de fuego mientras repetía el mantra. Sé que esto es peligroso, tal vez más que aquella taberna llena de gente en la que invoqué a mi primera compañera elemental. Sin embargo, tengo la esperanza de probar el verdadero potencial del chico.

«Tal vez ya sea tarde para llegar a Suryanis. Puede que no haya nadie esperándome allí a estas alturas.»

Lo mejor es pensar en el presente, concentrarse en lo que uno está haciendo, mirar alrededor al caminar. Así como hace Ren, que hace de la extrema concentración su mejor arma. Alguien ha acudido a su llamado. Voy a aclarar que nunca había visto al mocoso tan asustado como ahora. Las llamas del círculo se han convertido en un remolino, una columna ardiente que pareciera querer tragárselo.
Recuerdo el susto que se dieron todos en aquella taberna cuando me ocurrió a mí. Los gritos de ánimo de Sarwan, en medio de la confusión general. Los demás resultaron ser ex soldados de la guerra en la que él había peleado. Algunos estaban siendo perseguidos por crímenes contra civiles. Fue mi primera batalla, la primera que vi celebrar a Sarwan hasta las lágrimas.

«Casi había olvidado ese detalle. Al final, no era tan malo enseñándome.»

Allí está. En manos de Ren. Su propia salamandra, su espíritu del fuego, quien lo va a acompañar hasta que ambos sean tan unidos que él pueda tomar prestada parte de su esencia y convertirse en hechicero elemental. La mía se veía algo tosca, nunca voy a olvidarla. Pero la de él parece una niña dorada. Con todo cuidado, la está colocando en su lámpara correspondiente, le está dando la bienvenida a este plano. Y la salamandra está reaccionando de forma positiva.
Allí está, también. Esa sonrisa. Mi alumno acaba de alcanzar el segundo nivel de un camino bastante largo, pero por fin nos hemos convertido en un buen equipo. Su cabello oscuro está algo chamuscado por el ritual, algo de la pintura ceremonial se ha corrido de su cara y sus ojos lloran a la vez que su boca ríe, pero esta es la imagen más hermosa que podía obtener.

—Gracias, maestra —me dice, todavía sentado en la roca, y yo siento que un nudo acaba de desatarse en mi garganta.
—Gracias a ti —respondo, antes de darme cuenta.

Se levanta, busca entre sus cosas y luego viene hacia mí con un panfleto bastante arrugado. Cuando lo veo, no puedo creerlo.

—La amenaza de la guerra entre Daranis y Suryanis ha terminado —me explica con tranquilidad, como si su energía no hubiera sido drenada por el paisaje en el ritual, maldito mocoso y sus dones—. Lo supe en la última ciudad que pasamos, cuando fui a traer los víveres. Algunos héroes anónimos derrocaron al tirano y están ahora en la capital, ayudando a reorganizarlo todo. Entre otras cosas, van a abrir las ciudades refugio de seres sobrenaturales al público, para alentar su integración a la comunidad. Bueno, no son tan anónimos. Pensé que esto te interesaría cuando vi los nombres de los nuevos alcaldes.

Quedo boquiabierta al ver en la lista a Sarwan Lal Nehru, acompañado de algunos a los que conocí en Refulgens. Mi corazón da un vuelco, mientras busco el de alguien más, otro de los hechiceros que estuvo con nosotros en aquel viaje.

«Deval no está.»

Yo estoy decepcionada, no puedo evitarlo. Ren sigue hablando sin cesar.

—Me dijeron que las noticias llegan muy lento hasta este sector del país. Para este momento, las cosas deben estar mucho más avanzadas. Podríamos visitar la ciudad de la que me hablaste y probar suerte.

«Refulgens… Puede que estén todos allí.»

—Suryanis puede esperar. Tal vez ya no esté allí la persona que buscas —sugiere, con su molesta manía de decir lo que estoy pensando en el momento.

Lo miro y le ordeno que vaya a descansar un poco. Deberíamos festejar. Deberíamos bajar al pueblo y encontrar alguna taberna en la cual jugarnos toda nuestra suerte. Pero necesitamos esa suerte con nosotros, ya estamos hambrientos de nuevos objetivos. El más importante de todos no ha cambiado, solo se ha movido de dirección y una debe mantenerse atenta, con los ojos bien fijos en él para no perderlo. Como sea, adonde sea, allá vamos.

FIN

Nota de la autora: Mil gracias por la oportunidad de participar en la iniciativa y mil disculpas por la tardanza en traer el último capítulo.

Comentarios

  1. Me ha encantadooooo!!! Tenía muchas ganas de leerlo, jajajaja. Un besito guapa :)

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  2. ¡Gracias por terminar la historia guapísima! :)
    Cuando la lea entera te dejaré el comentario ^^
    ¡Un besito!

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