Cerca de ti - Capítulo 4

Cerca de ti
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A pesar de la firme resolución de Renzo de alejarse de Mara de una vez, para el lunes siguiente allí estaban otra vez, frente a frente. ¿Por qué demonios tenía que encontrársela, si trabajaban a diez pisos de distancia, en el edificio más atestado de gente de toda la Capital?

¿Me llamaron? dijo, tratando de parecer serio.

La pelirroja estaba de pie, en medio de la enorme oficina repleta de escritorios de la sección de Recursos Humanos del Grupo Aramis. Realmente se veía preciosa en el uniforme de la empresa, consistente en pantalón negro y una camiseta de color blanco, con una pequeña chaqueta roja que llevaba el logo sobre una de las mangas.
A él lo invadió una nube de mariposas en el estómago. No pudo evitar levantar la mano para saludarla con timidez y sonreír como idiota.

«¡Presta atención, tarado! No está sola...»

Todos los que trabajaban en esa sala se encontraban reunidos alrededor de una de las computadoras y al oírlo entrar se dieron vuelta a mirarlo. Lo habían citado con carácter urgente. Pensó en no aparecer, ya que sabía que ése sería el primer día de trabajo de Mara en Aramis, pero debía ser profesional. Era hora de madurar por completo. Por lo tanto, hizo de tripas corazón y tomó el ascensor hacia allí con su mejor cara de póquer. Cuando se acercó hacia el grupo de gente y se dio cuenta de lo que todos estaban mirando, quiso salir corriendo de allí.
En la computadora de uno de los empleados se reproducía una y otra vez un video casero tomado a partir de una cámara de seguridad, que a esas alturas ya se había vuelto viral. En él se mostraba la imagen de un sujeto muy parecido a él, que arrancaba a toda velocidad su auto desde una estación de servicio, sin notar que la manguera estaba todavía conectada.
El resultado era desastroso, ya que con la velocidad que había pretendido utilizar para retirarse casi se lleva el surtidor entero con él. En total la filmación sólo duraba poco más de un minuto, por lo que se le había hecho una edición para que pudiera apreciarse en cámara lenta. Incluso, la apariencia del protagonista de la grabación era algo difusa.
Los comentarios de los usuarios de internet se dividían entre las acusaciones de un intento de fuga sin realizar el pago del combustible, y las burlas por la estupidez del conductor. Las risotadas de Bruno y Ulises frente a la situación no habían puesto tan mal a Renzo como el gesto de infinita compasión que Mara le estaba dedicando en ese momento.

Buenas tardes, Lines dijo el supervisor del área. Ven aquí y dinos si no crees que el tipo del video se parece demasiado a ti.
¿Para eso me llamaron? balbuceó, confundido. Ah, yo...
¡Si se ve igual! intervino alguien. Es el mismo peinado, y está de espaldas, lo sé, pero juro que es él.
Dinos, ¿cuál es el secreto? lo increpó otro. ¿Querías irte sin pagar?
Muchachos, el del video no soy yo se defendió, con la sonrisa más inocente que tenía en el arsenal. Es un tipo que se parece a mí, nada más que eso.
Pero si es así, entonces tienes un gemelo perdido insistió el jefe de sección, entre risas. Porque eres igualito. Y usa tu mismo auto, me parece.

A esas alturas, él ya no supo cómo seguir. Si decía que había estado en esa estación de servicio pocos días atrás y que sólo había sido despistado, lo acosarían con esa broma por el resto de su tiempo en la empresa. Quedaría con el estigma de ser «el arranca-surtidores-serial»«el ladrón de gasolina» y otros nombres que imaginaba que serían mucho más ingeniosos y grotescos.
Era terrible que la cosa se hubiese propagado de esa manera, y pensar que había creído que ya era bastante desgraciado con el dinero que le debía al dueño de la estación por los daños causados. A punto de desestimar todo con un movimiento de su mano para salir de allí con aire ofendido, escuchó la voz de Mara que trataba de abrirse paso entre las risotadas del resto.

Yo creo que no es tan parecido expresó ella con timidez. Si se fijan, el del video parece muy alto. Además, Renzo se ve mucho más delgado prosiguió, al notar que todos le prestaban atención. ¿No les parece?

El aludido se quedó helado, con las palabras de la chica haciendo eco en su cabeza.

«Delgado... Delgado... Delgado...»

Sí, puede ser reconoció el supervisor. Pero nos arruinaste la broma del día, Mara. Haré que me acompañes a casa y me libres de los regaños de mi esposa, eres buena defensora.

Los empleados por fin se dispersaron, volvieron a sus puestos de trabajo y la pelirroja le sonrió con dulzura antes de dirigirse a su escritorio. Él no supo si sentirse menospreciado con la comparación que había hecho de su físico, o agradecido con ella por salvarlo de ese lío. Por las dudas, no le respondió. Sólo se pasó una mano por el cabello, incómodo, y se fue por donde había venido.

***

Más tarde, ese mismo día, el abogado se encontraba en su oficina en el área de legales del Grupo Aramis, tan concentrado en la enésima lectura de un contrato que debía corregir, que no notó el sonido de unos tacones acercándose sobre el suelo alfombrado. Seguía inmerso en sus pensamientos sobre la forma en que podía llegar a interpretarse el uso de cierto término en el documento y mientras se decidía a cambiarlo por otro que fuese menos ambiguo, una mano se posó en su hombro derecho y lo hizo sobresaltarse.

¡Te atrapé! se escuchó una voz divertida, detrás de él.

Cuando se giró en su sillón del escritorio para enfrentar a quien lo había sorprendido, se quedó sin palabras por un instante. Era la mujer de las bubis.

¡Irene, me asustaste! alcanzó a exclamar, con una sonrisa nerviosa y evitando la visión directa del explosivo escote de su compañera de escritorio. ¿Necesitas algo?
Sí. Sólo quería decirte que no hay rencores contigo por lo que pasó con Bruno. Ya hablé con él. Hemos decidido terminar el asunto como adultos.
Me lo comentó respondió, mientras se ponía de pie para facilitar el proceso de mirarla a los ojos. Y me alegra mucho por ambos, ya que sería muy difícil para ustedes estar en un ambiente de trabajo lleno de tensiones.
Sé que me porté muy mal ese día y les interrumpí una reunión importante. Quería pedirte disculpas a ti también por eso.
Ah... No te preocupes murmuró apenado y se rascó la parte posterior de la cabeza. De todas maneras, me diste una excusa para salir del lugar, así que supongo que indirectamente me hiciste un favor.
¿En serio? No pareces muy contento mientras lo dices expresó la muchacha con una risita. ¿Qué te parece si te doy una compensación? agregó, y se sentó de costado sobre el escritorio de él. Te invito a almorzar por las siguientes dos semanas. Podrás comer todo lo que desees, yo pagaré. Podemos ir a un lugar que queda cerca de aquí, es un restaurante muy bonito, y como es bastante caro no creo que sea muy popular entre los empleados. Seríamos sólo nosotros dos, sin nadie haciendo bromas sobre tu parecido con el tipo del video del surtidor.
No puedo dejar que pagues mi comida. murmuró él, con un gesto de incredulidad. Aún no entendía hacia dónde iba la conversación, pero acababa de darle el pie perfecto a su interlocutora para lo que realmente deseaba decir.
Por mí encantada de hacerlo. Pero si lo deseas, podemos hacer intercambio de favores deslizó, con un guiño travieso al final. Yo pago la comida, tú el postre.

Al entender el mensaje, lo primero que le pasó por la cabeza al pobre Renzo fue un pensamiento elevado al cielo, en forma de plegaria desesperada. 

«¡Qué no me sangre la nariz! ¡Que no me sangre la nariz! ¡Qué no me sangre la nariz! ¡Qué no me...!»

¿Cuento contigo a partir de mañana? preguntó la morena, mientras se levantaba del lugar que había usado en el mueble para sentarse y se acomodaba la ajustada camiseta del uniforme de la empresa.

El muchacho tragó saliva, colorado. ¡Estaba flirteando con él! Bueno, era bastante obvio lo que estaba intentando hacer al acercársele. Esperaba molestar a su ex, ponerlo celoso o algo por el estilo, lo cual no funcionaría debido a que su hermano mayor ya no estaba interesado en ella. Igual, no era tan mala idea el aceptar la provocación y entrar en el juego por una vez, al menos.
Irene era algo peligrosa, eso era cierto, pero también podía ser la ayuda que necesitaba para olvidar la presencia de su amor imposible en ese edificio. Además, le serviría de distracción a ella y dejaría el camino libre por el tiempo suficiente para que su hermano hiciera algún avance en su relación con la pelirroja. Era doloroso, pero prefería a Mara con Bruno antes que con cualquiera de los estúpidos de su oficina.
Estaba por contestarle que sí a Irene, cuando un ruido bastante molesto les llamó la atención a ambos y los hizo correr del otro lado del pasillo. En la oficina de la mujer se encontraba Mara, temblando y al borde del llanto, en medio de un montón de papeles desordenados en el suelo.

Lo... Lo siento exclamó. Iba pasando y golpeé sin querer una pila de carpetas archivadoras... al caer se abrieron...
¡Mis proyectos para la reunión trimestral del jefe!
Lo siento... Lo siento mucho, de verdad... no dejó de repetir la chica, mientras levantaba del suelo los papeles y los ordenaba con manos nerviosas.

De repente, Renzo se había olvidado del resto del mundo y había corrido a ayudarla. Al ver la escena, la morena se les sumó con gesto de cansancio.

No te preocupes, yo fui la descuidada por dejarlas ahí. Ya verás que en un segundo acomodaremos esto. Y el muchacho que estaba a su lado no le prestó atención a lo que estaba diciendo, mientras que la chica había comenzado a hipar de forma muy graciosa. ¡No llores, me pones histérica!

Él ya no podría pensar en bubis por el resto del día, sino que sería perseguido por el llanto de la joven que no había tenido el valor de estrechar en sus brazos. Se veía adorable en ese momento. No sería nada fácil sacársela de la cabeza.

***

Al día siguiente, ya era media mañana cuando Renzo recibió un e-mail de Bruno diciéndole que fuera con Mara a su oficina, en la hora del almuerzo. De inmediato, le contestó que lo lamentaba mucho, pero no estaba disponible. Le explicó que había quedado con alguien para comer. No le dijo con quién. Esperaría para decírselo en persona.
Parecía que el gerente de Marketing estaba con tiempo para leer mensajes, porque a los pocos minutos llegó otra respuesta a la casilla de correo del menor de los Lines. Le pedía con insistencia que fuera a comer con él. Que lo hiciera por los viejos tiempos, ya que ese día él se aburriría mucho allí arriba, solo y sin ninguna reunión importante.
Renzo rió por lo bajo al leer semejante cosa, y le contestó que si tenía tiempo de aburrirse y ser el jefe de un área tan importante de la empresa, muy bien. Pero que él comenzaría a buscar otro trabajo, porque aquello se caería a pedazos.
Al enviar el mensaje, se acomodó en su sillón frente a la computadora. Comenzaba a ser divertido esperar los e-mails. Mientras pasaban los minutos y él evaluaba la posibilidad de ir a buscar un café a la máquina del pasillo, se preguntó si alguien vería la clase de correo que intercambiaba con su hermano.
¡Qué pregunta! Seguro que sí lo verían, ésa cuenta de correo electrónico era de la compañía y podían darle una advertencia de no utilizarla con fines personales. Pero entonces tendrían que amonestar a Bruno por usarla de esa manera en primer lugar, y solo por eso valdría la pena.
La alerta de e-mail entrante lo hizo volverse rápido con la taza humeante desde la cafetera en el otro rincón de aquella planta. Intercalando su mensaje con emoticones gigantescos, cosa increíble para el jefe de área de una de las empresas más poderosas del planeta, Bruno le decía que no fuera idiota, que dejara de hacerse rogar y fuera a comer con ellos.
Agregó que Mara se pondría triste si él no estaba allí, ya que ella había sido la de la idea.

Claro pensó en voz alta el abogado, si lo que desea es acercarse más a ti, pedazo de estúpido. ¿No te das cuenta?

Le costó tipear la respuesta, pero le dijo que mejor lo dejaba para otro día. Que comieran ellos dos solos por esa vez. Y si lo que deseaba la pelirroja era disculparse por el lío en la oficina de Irene, ya estaba perdonada. Apretó con mala cara el botón de enviar en la pantalla y se dispuso a seguir con sus obligaciones. No iba a volver a abrir otro correo de Bruno ese día.
En ese momento, sonó su interno de la oficina.
No sé qué te pasa, tonto sonó la voz de su hermano en su oído al levantar el tubo, pero se trata de una orden, no de un pedido.
¿Qué carajo? exclamó el menor, con los ojos desorbitados de la sorpresa. Realmente debía ser grande el aburrimiento del muchacho ese día, para ponerse a molestar de esa forma.
¡Y sí, tengo tiempo para hacer esto y ser jefe de Marketing! agregó el otro, a la defensiva y sin saber que acababa de leerle el pensamiento. No me importa que vayas a salir con la loca de las bubis, pero esto es una reunión de amigos y Mara quiere hablar contigo siguió y lo dejó sin palabras. Así que vas a venir y que no se te ocurra olvidarlo, porque haré que te den trabajo extra por todo el mes. No volverás a tu casa hasta que se haga de noche remató, antes de cortar la llamada tan súbitamente como la había empezado.

Renzo suspiró resignado al poner el tubo del teléfono en su lugar otra vez, pero no pudo evitar alegrarse luego. ¡Mara había pedido a Bruno ese almuerzo para disculparse con él! Era muy dulce. Tanto, que no le importaba que hubiese escuchado lo que hablaba con Irene y se lo contara al rubio. ¡Iba a almorzar con ella! Y con su hermano también, cierto.
Pero ella estaría a su lado. Mirando a Bruno, suspirando por él, sonrojándose por él.

«Oh... qué espantoso, la comida seguro me caerá como una piedra».

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