Silver - Capítulo 1

SilverEra el primer día del año 300 de la Nueva Era, y en la Estación Lunar A73 se realizaban los festejos por el Tricentenario de la Libertad de aquel pueblo. Eran celebraciones que duraban días enteros e incluían exhibiciones del Grupo Iridis, los guerreros elegidos para mantener la paz. Los descendientes de los últimos soldados sometidos a experimentos genéticos en los laboratorios del gobierno de la Tierra. 

Ellos habían sido el resultado de la antigua tiranía y, a la vez, eran la perdición de todo aquel que se atreviera a intentar atacarlos. Aquellos seres albinos de extrema resistencia física, que usaban oscuros trajes especiales para la batalla sobre sus pieles excesivamente pálidas y que mantenían cortos sus cabellos de un rubio casi transparente, eran lo más parecido a dioses para los habitantes de la Luna. Ellos eran los guardianes de la libertad de aquel pueblo.

Cumplían sus funciones en la actualidad bajo el mando del General White. Él era un descendiente de Silver, el soldado que había tenido un papel fundamental en la rebelión llamada Operativo Libertad, tres siglos antes, y había dado inicio a esta nueva época en la que todos habían puesto sus calendarios a cero.

Por eso, ese día se cumplía el tercer siglo de aquella última batalla. Y había que recordarlo. Además del show para los entusiasmados espectadores, se haría la presentación en sociedad de la nieta de White. Se trataba de una niña preciosa, de apenas seis años, pero con todas las características extraordinarias de su estirpe. No había forma de equivocarse al verla, con su piel pálida y sus cabellos casi blancos en rizos, los cuales caían hasta sus hombros cuando no los tenía recogidos en una trenza. Ella tenía los genes de los primeros soldados modificados y había comenzado sus entrenamientos. La pequeña Gray era la descendiente más joven del primer libertador. La futura líder del Grupo Iridis.

Ella debía ser la anfitriona del Torneo exhibición, derrotando de manera abrumadora a oponentes que la superaban en tamaño y edad, para darle al público una muestra del inmenso poder de su familia. Pero nada de eso ocurriría. No en esta línea temporal.

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Durante el enfrentamiento entre la niña y su primer rival, una unidad de inteligencia artificial experimental, apareció una mancha negruzca en el cielo que reproducía las condiciones de una atmósfera apta para la vida de los habitantes de A73. Se abrió y comenzó a crecer, justo encima del estadio donde se estaba llevando a cabo el evento.
Muchos no le prestaron atención, hasta que por ella salieron gran cantidad de naves pequeñas y de forma ovalada, comandadas por seres nunca vistos en aquel lugar. Seguidas por éstas, apareció una considerablemente más enorme.

La reacción general fue de silencioso asombro, todos se quedaron paralizados por algunos segundos observando el increíble fenómeno. Pero la quietud no tardó en desaparecer. Las naves individuales comenzaron a disparar rayos de energía en todas direcciones y se desató el caos. El público corrió para salir del alcance de los invasores, sin hacer caso a los protocolos que ordenaban conservar la tranquilidad y tomar en orden las salidas de emergencia. El vehículo de mayor tamaño aterrizó, abrió una compuerta y de ella salieron centenares de soldados a pie, fuertemente armados.

En un palco especial, los familiares y amigos de los guerreros del Grupo Iridis observaron sin palabras lo que estaba ocurriendo. La situación era de pesadilla, pero la confianza en que serían protegidos era suficiente para mantener la calma entre ellos. El hijo único de White, un soldado albino de mediana edad llamado Bleich, les pidió que no salieran de allí por nada del mundo y fue a enfrentarse con los extraños.

Sobre la plataforma, Gray y la unidad IA fueron las primeras víctimas. Los tomó por sorpresa uno de los primeros ataques, una enorme explosión provocada por uno de los extraños que llenó de polvo el campo de visión de todos. Los dos salieron disparados en direcciones opuestas por la onda expansiva y chocaron contra las gradas del público. El robot gigantesco se desactivó en el acto y la pequeña quedó inconsciente, mientras los demás espectadores seguían huyendo.

¡Gray! gritó su padre desesperado mientras activaba el sistema de propulsión de su traje y volaba a buscarla, pero alguien cayó encima de él y lo golpeó en la columna, enviándolo al suelo.

Bleich se levantó inmediatamente para enfrentar a su agresor y, al verlo, se sintió tan sorprendido que no pudo evitar recibir un segundo golpe que lo arrastró varios metros más allá. El atacante era un sujeto de evidente procedencia alienígena, de piel color azul.
Lo que horrorizó al guerrero fue el hecho de que estuviera vestido con una armadura demasiado parecida a la del antiguo ejército de Dominio de la Tierra. El único detalle que hacía la diferencia, era que portaba una especie de vincha sobre la cabeza, con varias extensiones que se distribuían en todo el cráneo. Los ojos del invasor no tenían pupilas, eran completamente negros, lo cual le daba un aspecto temible. Y era físicamente poderoso, mucho más de lo que podía serlo cualquier humano modificado del antiguo ejército. Pero el soldado dejó para después el momento de las preguntas y se lanzó hacia su enemigo a toda velocidad.

En medio del caos, White y sus mejores hombres salieron al encuentro de los invasores para mantenerlos alejados del público y de sus familias. La lucha fue pareja, los enemigos eran bastante fuertes, aunque las mentes de los mayores estaban ocupadas por un mismo pensamiento.

Todos sentían el mismo asombro por el parecido de los recién llegados con la Organización de Dominio Terrícola que figuraba en todos los libros de historia, cuando se estudiaba el oscuro período que habían pasado antes de la Operación Libertad. Podía tratarse de fanáticos que quisieran imitarlos, o de algo mucho peor. Si había alguien detrás de todo aquello que pretendiera hacerse con el lugar que el anterior "Emperador del Universo Conocido" había dejado vacante y contaba con esos medios, ellos estaban en serios problemas.

Lo peor era que estaban luchando totalmente a ciegas. Nadie venía a presentarse, nadie hacía una declaración de sus intenciones. Eso era muy mala señal. Significaba que ni siquiera se molestarían en dar explicaciones porque los consideraban seres inferiores. Una simple población extraterrestre a la cual conquistar.

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En las gradas superiores, una de las naves pequeñas de los alienígenas había tenido un pésimo aterrizaje y su ocupante había tardado en salir al exterior. Se trataba de la última adquisición de los dueños de aquél ejército, el mayor avance de la tecnología de guerra: el soldado mentalmente controlado.

Lo habían tomado del campo de batalla durante el enfrentamiento final de la Operación Libertad, trescientos años antes. Lo habían abducido justo en el momento en que debía morir a manos del último mando del ejército de Dominio Terrícola, y lo habían llevado al laboratorio, hacia otro tiempo, en el futuro, para completar el proceso de control sobre él.

A través de un dispositivo con forma de vincha y sensores anexos, denominado neuroaparato, habían logrado someterlo. Ahora estaba a las órdenes de uno de los generales de la Organización. Aunque no había sido tarea fácil. La fuerza de voluntad y la rebeldía del sujeto habían sido los principales obstáculos para biotecnólogos de todos los rincones del universo conocido, hasta que por fin habían ideado un sistema que funcionara en él. Pero no existían métodos infalibles, algo había salido mal durante el paso de la nave a través de la brecha hacia esa línea temporal. El individuo había perdido el conocimiento y el controlador había dejado de funcionar. 

Cuando salió del compartimiento ovalado, aturdido y debilitado por un espantoso dolor de cabeza, ya no llevaba el neuroaparato. Ya no era el mejor soldado producido por experimentación de la Organización del Nuevo Dominio, al servicio de sus líderes y en busca del control de las colonias perdidas. Había vuelto a ser Silver.


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