Cerca de ti - Capítulo 1

Cerca de tiEn la Universidad de la Capital era un día de fiesta. El salón reservado para eventos de la
institución estaba por ser el escenario para la entrega de diplomas de aquél año. Todos los que recibirían su título en la Facultad de Psicología estaban allí, aguardando nerviosos en los primeros asientos del público que había asistido para verlo. Detrás de las primeras filas, ocupadas sólo por los alumnos en túnicas negras con los birretes del mismo color adornando sus cabezas, se encontraban sus familiares y amigos.
Las orgullosas madres de los alumnos cuchicheaban sobre sus propios recuerdos de la juventud y algunas mantenían bajo control, con mucho esfuerzo, a las pequeños que intentaban correr por el pasillo de la sala. En un extremo, un muchacho de muy buena apariencia aguardaba mirando la hora en su celular, algo molesto y sin prestar atención a las chicas que lo desnudaban con la mirada. Le había guardado el asiento a su hermano, pero en esa última media hora había tenido que discutir con una anciana con un bastón que daba golpes muy certeros, un par de niños y un sujeto con cara de pocos amigos para que no se lo ocuparan. Y Renzo no aparecía.

Bruno se le acercó un hombre mayor de aspecto bonachón, te agradezco muchísimo por estar presente el día de hoy, a pesar de que sé que ahora tienes mucho trabajo. Mara se pondrá feliz cuando vea que estás aquí.
Gracias, señor Ulises, y no se preocupe, he venido porque aprecio mucho a su nieta. No iba a perderme este día por nada del mundo.

Ulises había sido el testigo y cómplice de muchas de las travesuras de su nieta junto a los dos hermanos.

Ah, y por cierto, felicitaciones por haber entrado como gerente de Marketing en el Grupo Aramis. Es una empresa enorme, será muy bueno para ti, pero Mara me contó que te habían puesto bajo un entrenamiento bastante estricto.

El joven sonrió y se rascó como acto reflejo el cabello rubio. Era verdad, aquellos días como pasante en la compañía habían sido bastante extraños, pero ahora los recordaba con mucho cariño. Había aprendido mucho de todos los que lo rodeaban.

Bueno respondió, ya sabes que yo tampoco soy fácil de conformar. Supongo que no me sentiría bien de aceptar el puesto si no supiera que realmente me lo merezco.
Eso es verdad.

En ese momento, un chico alto, desgarbado y de cabello castaño claro atravesó la entrada corriendo. Los dos que estaban hablando se dieron vuelta para mirarlo. A pesar de que ya había pasado los veinticinco años y ya era un hombre, muchas cosas en él recordaban al niño inocente de siete años que correteaba con su hermano para hacer travesuras junto a Mara.

Como siempre remarcó Bruno de forma burlona, Renzo Lines llegando tarde...

El menor de los Lines hizo un gesto de sincera desolación, lo que hizo que al anciano le diera un ataque de carcajadas que le impidió decirle que todo estaba bien, que no debía preocuparse por eso.

Les juro que mi celular está averiado comenzó a disculparse el muchacho. Iba lo más tranquilo por la carretera, cuando me detuve a cargar combustible y por casualidad me di cuenta en la estación de servicio de que tenía mal la hora. Cuando quise arrancar el auto me olvidé que tenía todavía la manguera de la gasolina conectada e hice un desastre...

Los dos que lo escuchaban no podían parar de reírse al imaginarse al chico siendo regañado por los empleados de la gasolinera, todo nervioso y preocupado de llegar a tiempo. Era muy diferente a su hermano mayor en ese sentido, no podía quitarse lo atolondrado.

¡No se rían! Lo que importa es que estoy aquí, ¿verdad?

Ulises se enjugó una lágrima que se le había escapado por culpa de sus risotadas, y sonrió al ver a los dos amigos de su nieta discutiendo, el mayor divirtiéndose a costa de la vergüenza del otro. Su pequeña era afortunada de tener a esos dos a su alrededor, ya que el mundo podía ser muy duro para alguien tan inocente como ella. Les dio una palmada en el hombro a ambos, y los dejó ubicados, ya que la ceremonia estaba por comenzar.

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