La puerta

El Limbo es un lugar de espera, un destino transitorio para las almas cuya balanza no ha llegado a inclinarse hacia un lado o el otro. No es un sitio físico, sino que adopta formas diversas y caprichosas según la mente y los sueños de aquellos que habiten cada una de sus porciones. Lo único constante son los enormes portales que sirven de entrada o salida para los espíritus de allí.
Se ingresa una sola vez, se desearía salir en millones de ocasiones. Por lo tanto, esas puertas enormes están cerradas y sus llaves son custodiadas por un número de Guardianes elegidos para tal fin. Cada Guardián no puede ver al resto, y solo posee las llaves de su propia puerta. Si las pierde, su castigo es inimaginable. Pero los Guardianes también son prisioneros del mismo Limbo y, por lo tanto, no son más que simples almas que no han llegado a merecer el Paraíso o el Infierno aunque tengan una jerarquía levemente mayor al resto.
Desde que el mundo como tal llegó a su fin en la Última Guerra, la cantidad de almas almacenadas allí se hizo gigantesca, así como la necesidad de nuevos Guardianes para la gran cantidad de nuevas puertas. Gal y Erea fueron dos de las primeras almas que ingresaron durante el aluvión de espíritus. Por eso, y por la inocencia de ambos, fueron elegidos como Guardianes y separados por el resto de la Eternidad en puertas opuestas del pasadizo.
Para Gal eso se sintió como un castigo. La promesa que hizo con Erea de mantener sus almas puras, a fin de merecer pasar juntos por ese umbral hacia el Cielo, fue lo único que le sirvió de consuelo. El muchacho desempeñó su papel en su puesto con lo mejor de sí, a pesar de que el Limbo para él tomó formas grises y desesperantes, hasta que se decidió a verlo todo como un enorme campo, verde y con un camino de tierra que se hacía pequeño en el horizonte. Ése era el camino que conducía a su hermana. Así era en su mente y así quería tenerlo siempre presente. Pero un día creyó estar soñando de verdad. La chica apareció en el sendero, con los ojos brillantes y las mejillas coloradas de tanto correr. ¿Se habría escapado de sus deberes?
—¡Erea! —le gritó—. ¿Qué has hecho? ¡Vuelve a tu puerta, que no lleguen a verte aquí!
—No lo soporté más —le respondió ella—. No te enojes. Necesitaba verte al menos una vez antes de irme al infierno.
—¿No confiabas en mí? Te prometí que reuniríamos la virtud necesaria para nuestras balanzas, y ahora lo has arruinado —murmuró Gal, haciendo sonar el enorme manojo de llaves en su mano por los nervios.
—Por favor, hermano —rogó ella, toda energía e impaciencia. Parecía mentira que esos dos hubiesen compartido vientre por nueve meses—. Ven conmigo. Ya dejé mis llaves a alguien más, usemos las tuyas para pasar al otro lado antes que alguien se dé cuenta. Escapemos.
—No lo puedo creer. ¿Acaso crees que vas a engañar a los de arriba? ¡Nos estás condenando a ambos!
—¡Vamos! —insistió la chica, tironeándole la manga del uniforme—. Necesito ir a pasear de la mano contigo al menos un momento. No podré seguir haciendo esto por toda la Eternidad. No soy tan buena.
Él sacó la mano que ella había aferrado a su ropa, para encerrarla entre las suyas. Las ansiadas llaves colgaron de la cintura del Guardián.
—Disfrutemos el momento y luego te acompaño hasta tu puerta. A lo mejor lo pasen por alto si regresas —propuso él, todavía esperanzado de arreglar las cosas.
Y la miró tratando de fijar en sus ojos la imagen de la chica para luego recordarla bien. Quería aprovechar esos minutos lo más que pudiera. Sabía que, de un momento a otro, Erea se iba a desvanecer y lo único que iba a quedarle de esa visita sería la humareda que levantaría en el camino. Ella perdió la paciencia y rechazó el contacto.
—¡No seas así! —gritó, enfurruñada y cruzándose de brazos—. Bah, olvídalo. Ya vas a venir a pedirme frutillas del patio del lado...
“El patio del lado…”
¿Qué estaba diciendo? Si la casa había sido demolida muchos años atrás, durante la Última Guerra. Ya no había patio del lado, ya no había frutillas, ni favores pagados a cambio de sonrisas y jugosas frutas dulces. Entonces lo entendió.
—¿Qué harás cuando pases la puerta? Avanza tú, yo me quedo de este lado así veo que no nos descubran —preguntó Gal con naturalidad, como si no la hubiera escuchado.
De vez en cuando, las formas caprichosas del Limbo cumplían deseos y cualquier cosa se volvía posible. Pero con una condición. Y era que uno fuese el que imaginaba y no la alucinación en sí. Gal estuvo seguro de haber estado allí antes que Erea, así que él debía ser el dueño de la ensoñación. Ella quedó observándolo atenta, como en pausa debido a la enorme confusión en la que había entrado la mente de Gal. Él volvió a concentrarse en el sueño, para no salirse de él, y vio que Erea pestañeaba unas cuantas veces y sonreía de nuevo. Ella era la alucinación. Como siempre.
—¡Oh, gracias! ¡Eres un amor, Gal! —exclamó la muchacha, feliz, para luego ponerse en puntas de pie, estamparle un beso en la mejilla y salir corriendo hacia la puerta con el manojo de llaves en las manos.
Erea-sueño podía llegar al Paraíso, si él así lo decía. Podía regresar del camino del olvido que les había dejado la guerra, y comenzar de nuevo a su lado, como la hermana cómplice de siempre. La puerta estaría a salvo, aunque él se hubiese quedado dormido durante su guardia celestial y luego fuesen a regañarlo. Todavía estaba soñando, podía quedarse así un poco más. Por eso la dejó ir a abrir la puerta, tranquilo. Erea-sueño podía hacer lo que quisiera, si en realidad no estaba ahí. Hasta podía llegar a traerle alguna frutilla desde el otro lado, si se lo proponía.
—¡Espérame ahí, que ya vuelvo! —gritó radiante ella, con la mano en el picaporte, al igual que lo había hecho antes de aquel estallido mortal durante el cual los dos habían estado en la casa.
Y él se alisó el uniforme de Guardián antes de contestarle, con las mismas palabras que le había dicho esa tarde, la última que habían tenido los dos en la Tierra.
—No seas tonta, no me voy más.

Comentarios

  1. ¡Qué bonito relato! Me ha emocionado mucho y me ha encantado leerlo. No sé por qué realmente, quizá fuera la música y el ambiente en el que has metido a tus personajes, o... no lo sé jeje.

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    1. Me alegra mucho que te haya gustado ♥ Gracias por leer.
      Un abrazo.

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