La forma de la felicidad

EriosEn Erios no existía lo imposible. Todo el que hubiera vivido el tiempo suficiente allí, podía decir
que su existencia era una cadena de acontecimientos agradables. Porque en ese lugar era donde anidaba la buena suerte. El pueblo de Erios estaba ubicado al norte de la región montañosa del mismo nombre, en donde nacía la magia del mundo. Y la magia estaba protegida desde la llegada de Valeska, la reina guerrera más poderosa de toda la historia.
Antes de ella, la oscuridad había cubierto a los habitantes de aquella zona. Las invasiones de extranjeros que venían a llevarse todo lo bueno que aquella tierra producía se daban una y otra vez, sin descanso. El pequeño caserío era un nido de malhechores, viajeros que se aprovechaban de la buena voluntad de los erienses, y las mujeres hermosas eran usadas por la maldad de los caminantes como si de vulgares rameras se tratase. Erios se desangraba sin remedio, a pesar de que su riqueza era invaluable. Todo aquel que tenía la desgracia de nacer en ese suelo, terminaba huyendo de allí. Hasta la llegada de Valeska y su ejército.
No se sabía con certeza de dónde había salido la mujer, pero algunos decían que ella había sido una de ellos en el principio, que había recorrido toda la Tierra Media absorbiendo los conocimientos sobre la magia hasta el momento de regresar y obtener la victoria para los suyos. Otros comentaban que se trataba de una divinidad que había descendido de los cielos para ayudarlos. Y hasta había quien deliraba con la idea de que ella era la encarnación de la magia que le pertenecía al lugar, resistiéndose a seguir sirviendo a fines egoístas y volcándose entera para sus verdaderos dueños.
Lo cierto era que nadie tenía la menor idea. Valeska era poderosa, sí. Había viajado mucho en busca de la manera de controlar la magia con sus manos, eso también. Y había nacido en suelo eriense, pero la verdad había sido muy distinta a la que contaban las leyendas.
Valeska era, en realidad, la fachada de un cuerpo hermoso creado por la magia. Una fachada que alguien se había visto obligado a usar en su regreso al pueblo, para no ser atrapado y condenado por sus numerosos crímenes. Vali, el mago más desalmado del norte de la Tierra Media, estaba detrás del disfraz de Valeska.
Todo había ocurrido por accidente, las intenciones del hechicero no habían sido las de liberar a su pueblo del yugo extranjero, ni nada parecido.
Él había ido con ganas de llevarse todo lo que pudiera, ya que por fin había logrado obtener la receta para un hechizo mucho más eficaz a la hora de vencer a sus enemigos. Como la competencia en las grutas mágicas de Erios era bastante difícil, necesitaba eliminarlos a todos antes de pretender alzarse con el botín mayor. No podía dar la cara en ese lugar, de inmediato lo reconocerían, por lo que ideó un conjuro para tomar el cuerpo de una hermosa mujer. Y tomó el nombre de Valeska, para completar el disfraz.
Hacer desaparecer a todos los ladrones de las grutas fue pan comido, más difícil fue sacarse a los babosos de encima. Lo increíble fue que el pueblo de Erios festejara su victoria y no le diera el tiempo de largarse de allí con lo que había ido a robar.
Y una idea le pasó por la cabeza. Ya que la estaban proclamando su salvadora, ¿por qué no quedarse allí? Les ofreció su protección, a cambio de fidelidad y obediencia absoluta, y los ingenuos de los erienses aceptaron. Pobres estúpidos.
Valeska tendría que convertirse en su piel permanente, pero a Vali eso le pareció algo secundario, en comparación con todo el poder y los beneficios que obtendría con aquello. Sí, él tendría que ponerse vestidos y arreglarse el cabello pero el pueblo lo llamaría su reina. Pobres idiotas.
Al final, pasaron los años y Erios se convirtió en una metrópoli de la región. Al liberarse de los que se llevaban sus poderes escondidos, la suerte de sus habitantes floreció y la población aumentó. Valeska se había vuelto una figura importante, y tenía nuevos problemas que afrontar.
El más molesto de todos era el de las proposiciones de matrimonio de los príncipes de otros reinos. Y las habladurías que habían empezado a circular por los repetidos rechazos que la reina guerrera les hacía. Ése era, a pesar de todo, un mundo de hombres. Y Valeska debía cuidar su imagen si no quería perder la fé de su pueblo.
Podía tener toda la magia que quisiera, pero si debía enfrentarse a los ejércitos de otros tan poderosos como ella (o él), podía llegar a perder lo que había conseguido. Erios había alcanzado un estatus interesante a los ojos de varios reinos lejanos, que jamás hubiesen osado poner un pie en el pueblo cuando sí necesitaba de su ayuda. Ahora, todo el trabajo estaba hecho y las miradas de la Tierra Media estaban en sus espaldas.
Era un mundo de hombres (de hombres de mierda) y Valeska debía tomar un esposo. Toda reina debía tener un rey, decían.
Claro que sí, bufaba él en su mente. Si su felicidad era el poder y éste había llegado a él en la forma de unas curvas voluptuosas de mujer, no había problema. Pero de ahí, a estar dispuesto a aceptar tratos carnales con alguien del mismo sexo, o del otro, en fin, había una enorme y dolorosa diferencia.
Buscar a alguna mujer que pudiese cambiar de forma y estar dispuesta a servirle y a guardar su secreto era demasiado riesgo. Encontrar a una que tuviera sus mismos problemas y necesitara esconderse en la apariencia de un hombre, era imposible. Pero en Erios la palabra imposible era casi un insulto. Entonces Valeska, es decir, Vali, reparó en su pequeña mascota. Su fiel conejo blanco de la suerte, el que lo había acompañado por años, desde que era un mugroso viajero del desierto en busca de la verdadera magia. Y llegó la solución.
La boda fue realizada con una celebración memorable y los invitados se contaron por miles. El pueblo festejó la unión de la Reina Valeska con un joven de rostro delicado y hermoso cabello rubio, casi blanco a la luz de las lámparas.
La felicidad se extendería por siempre en el pueblo de Erios, el poder se quedaría en manos de la reina, y a nadie le sorprendió que el rey en lugar de bailar durante los festejos, diese un par de saltitos.

Comentarios

  1. hola, me da gusto encontrame con tu blog de escritora, ya que casi no conosco muchos que esten activos, yo ya te sigo en este blog y en el otro de libros, espero que te pases por mi blog d escritos que es : blogdollblog.blogspot.mx , eres bienvenida cuando gustes pasarte, saludos.

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    1. ¡Gracias por pasar! Bienvenida y ahora me voy a dar una vuelta por el tuyo.
      Un beso.

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