Aprendizaje (Iniciativa Cuéntame un cuento)

montañasHemos terminado, vamos a tomar un descanso —dijo el maestro un día.

La molesta llovizna insistía en hacer barro la tierra en la que el joven aprendiz tenía que mantenerse de cabeza, en silenciosa meditación. Era un trabajo lento, tenaz, efectivo, inevitable. El del agua, por supuesto. Lo que era el del chico, tan ansioso e impreciso, tan lleno de decisiones inoportunas e imprudentes, no podía terminar en éxito si no era de forma accidental. Al menos durante esos primeros meses de entrenamiento bajo aquel hombre tan enigmático.
El muchacho, con su cuerpo en una pose incómoda y su mente en una lucha por mantener su atención lejos de los estímulos del ambiente, continuó callado, inmóvil. Pensó que aquel día de ejercicios no le había aportado nada concreto, ningún truco que le diese una ventaja real, aunque se abstuvo de expresarlo. Ya creía que parecía destinado a aprender de las situaciones solo al enfrentarse con ellas y se había resignado a eso. Al principio se había esforzado por predecir las diversas variables, por anticiparse al peligro y hacer preguntas a su maestro, sin embargo lo más importante siempre había sido una permanente sorpresa. Y sus permanentes errores.

—La angustia no es mala —había escuchado una vez, entre los susurros del viento helado, cuando ascendían por esa montaña el invierno anterior—. Debes sentirte mal, es lo normal. Mira el abismo que se abre a tu costado, cuando pasas por este camino tan estrecho, cargando esa bolsa de rocas que te he dado. ¿Qué clase de monstruo serías si no sintieras nada? ¿Qué otra cosa es el miedo, aparte de la línea que divide al que llega a la meta y el que queda en el fondo de aquel barranco?
—Eso no es miedo, es prudencia —se había atrevido a contestar, entre jadeos de cansancio.
—Llámalo como quieras, pero es parte de lo que necesitas para seguir adelante. Luego, el abismo será parte de ti, podrás evitarlo con los ojos cerrados y el valor habrá surgido como resultado. No antes, no sin conocer lo que enfrentas.

Había sido cierto. Ya estaba avanzada la primavera, y él a veces ni recordaba la enorme boca que se abría desde el fondo de las laderas de esa montaña y otra vecina, en un bostezo que intentaba tragarse al sol cada día. El miedo había dado paso al valor, pero la ansiedad de llegar al final, de tener el control sobre sus habilidades, todavía lo atormentaba. En especial, cuando cometía algún error grande.
Esa mañana de lluvia, estaban hablando de luchas. Por fin, su mentor lo estaba introduciendo a las primeras técnicas de artes marciales. Y de la nada lo había puesto a meditar, para luego enviarlo de regreso a su casa.

—Si el miedo da paso al valor —comenzó, pensativo—, la lentitud de este entrenamiento, ¿a dónde me lleva?

Por un momento, el maestro quedó en silencio. El chico sintió que las manos le cedían y se dejó caer sin pensar en la suciedad, en el descenso seguro se secaría el desastre en sus ropas.

—Pretender adelantarse a las cosas no da buenos resultados. Y eso, para alguien que no soporta siquiera hacer algo mal, no es recomendable —respondió el hombre, en un visible intento de disimular el rugido de su estómago—. Vas a aprender una cosa a la vez, luego nos ocuparemos de esa ansiedad que tienes.

Ahí estaba, otra respuesta sin mucho sentido. Cuando lo vio dirigirse a los alimentos que su madre había enviado para el almuerzo, el chico se arrepintió de haber preguntado. Se levantó y estiró sus miembros entumecidos, para notar que también se moría de hambre. Fue hacia el refugio improvisado donde su maestro ya devoraba su parte, dispuesto a pelear por la última pata de pollo. Y olvidó que se había embarrado todo el traje, cosa que tiempo atrás lo hubiera frustrado bastante.

Comentarios

  1. Hola, primero que todo, me ha gustado como has escrito, y segundo quería preguntar... es una historia que cuenta sólo de esta parte, no? Tenía que preguntarlo... ya me pasaré a leer más seguido por acá, saludos!

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    1. ¡Gracias! En realidad es como un ejercicio para volver a escribir algo, ando bastante oxidada. Y es autoconclusivo, sí :D

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