Adiós a mi Reina

Recuerdo cuando llegaste a casa, hace unos quince años y un poco más. Eras tan chiquita que cabías en mi mano, y ya entonces tenías tu carácter: fueron celos a primera vista. Cuando te sostuve en mis brazos, maravillada por tu negro pelaje reluciente, tus ojos brillantes y tu apariencia de osito, te hiciste encima y arruinaste para siempre mi sweater azul preferido. No pesabas nada, y ya eras un dolor de cabeza, ladrabas al menor ruido que viniera de la puerta y nos enfrentabas con dignidad perruna y el hocico en alto. Temblabas de frío, faltaba poco para la primavera pero el clima parecía no enterarse. 


Te amamos, te convertimos en la Reina de la casa, te malcriamos, te dimos todo y te permitimos más de lo que debíamos. Eras una más de la familia.


Y creciste, más de lo que el tipo que te trajo a casa le dijo a mamá que lo harías, pero te queríamos tanto que eso no importó, jamás. Todavía eras perfecta para nosotros. Un poco gritona, bastante desobediente con la cuestión de dónde hacías lo tuyo, muy celosa de los niños y mandona con nosotros. Te desesperabas de sólo oír el ruido de las llaves, odiabas vernos salir y dejarte en casa. Pero más odiabas a los demás perros y a los gatos. Lo hicimos todo mal con vos, te malcriamos en lugar de educarte como debíamos, pero con el tiempo te acostumbraste a las nuevas mascotas de la familia. 

Te hiciste amiga de mis gatos, en especial de Isis y luego de Mimí, con quienes jugabas, dormías y te acurrucabas en el invierno para compartir calor. Pero nunca superaste la presencia de humanos más chiquitos en casa. Eras la nena, la hermanita menor, la consentida. Así pasaron quince años de reinado perruno, con lacayos gatos y humanos. Eras tan bonita, tan inteligente y guardiana que te ganaste incluso a los familiares que no simpatizaban con nosotros. Nunca voy a olvidar al abuelo viniendo a despedirte a vos, en lugar de a nosotros, aquél mediodía de mayo del 2007. Seguro que vos tampoco. Tenías una memoria extraordinaria, llegaste a recibir con alegría a parientes que no habíamos visto en media década. Y para llegar a ganar tu simpatía había que pasar un filtro extraño, pero siempre sabías en quién confiar de verdad. Conmigo nunca fuiste mimosa, sólo llegamos a un acuerdo tácito de neutralidad, pero en el fondo ambas nos queríamos. 

Un día llegué a casa, y mamá dijo: "Jessy ya no ladra". Entonces lo supe, era el principio del fin. Luego del diagnóstico, nos negamos a dejarte ir pero si jamás te habían importado los planes de los humanos, mucho menos ahora. Te apagaste de a poco, nos fuiste dejando a pesar de nuestra insistencia en mantenerte con nosotros. Siempre fuiste terca y mandona, de gran carácter y gritona, pero sólo porque nosotros lo éramos. Eras un fiel reflejo de nosotros, y nos ganaste en obstinación. Hasta el día de hoy, Jessy. Hoy nos ganaste para siempre, te dejamos ir. 

La última vez que te vi me acordé de muchas cosas, te cepillé y te di un baño. Parecía que lo sabías, era nuestra despedida. Temblabas de frío, era verano pero parecía que no te enterabas del clima. Habíamos regresado quince años atrás. Te sostuve en mis brazos, maravillada por tu negro pelaje, tus ojos brillantes y tu apariencia de osito. No pesabas nada...

Comentarios

  1. Estoy llorando ahora mismo. Lo paso fatal con estos temas, yo tuve un perro y he pasado lo mismo y no sabes lo mal que lo pasé, y ahora tengo otro que ya está muy mayor y estas cosas me emocionan mucho. :(

    Un fuerte abrazo

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  2. sé lo que se siente. hoy es el aniversario que mi chico, Pongo, también dijo adios. Nos lo dejo el 14 de octubre de 2013. Murio en mis brazos. En cuestión de una semana cambio radical, los riñones no iban, le compramos la medicina, pero tampooc comia. Yo molía el pienso y se lo daba en una geringa disuelto en agua.

    pero una medio día, fue como un humano más. Comenzo a mearse y cagar, se daba con las paredes, entonces le tumbe mientras no daba a basto a recoger todo. Y llame "papa, vente a casa, Pongo se esta.....muriendo".

    Le metí como tu. Recien abandonado, en una palma d mi mano, y el veterinario dijo NO CREO QUE SOBREVIVA y bueno casí 13 años de felicidad.
    El día día hace que lo lleves de otra forma. Duele de vez en cuando. Pero sonrío a recordar los grandes momentazoz que me dio. Ahora tengo una perrita de perrera que fue abandonada. Es totalmente diferente. Me acuerdo de Pongo, pero no los comparo. Incluso llegue a sentirme que le estaba traicionando, pero como un amigo me dijo, el ya no está, hay perros que te necesitan por qué no tienen a nadie .....

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    1. Es verdad, uno los quiere tanto que siente que no lo podrá superar. Por el momento no tengo pensado adoptar a otro perrito, estoy algo dolida todavía, pero sé que más adelante voy a adoptar a algún callejerito. Hay muchos animales que nos necesitan :D
      ¡Un abrazo!

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