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Disfrutalo

Ese día despertó sin que sonara la alarma. Abrió los ojos y el sol lo saludó desde afuera, sin un sonido de pájaros, sin el ruido de los autos ni de la gente, caminando al mercado como cualquier domingo.

Era él, con su tranquilidad y su silencio. El techo blanco de su dormitorio, la luz blanca del baño, sus ojeras en el espejo, la suavidad del cepillo lavando sus dientes. El agua, apenas hirviendo, sin el pitido de aquella pava insoportable que ella se había llevado al irse.

Disfruta el silencio, decía la camiseta elegida para salir.

En la calle, ni un alma. Solo los perros, que pasaban a su lado, tranquilos, indiferentes, hacia ninguna parte.

A él no dejó de parecerle extraño que la fuente de la calle principal estuviese detenida. Como el
tránsito. Como esos niños, en la vereda del frente, que parecían estatuas. Como esas mujeres, que solo posaban junto al semáforo.

El shopping estaba abierto. Él no tenía ganas de cocinar. Se encontró caminando entre las vidrieras llenas de vestiment…

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